¿Limpias bien tu piel? ¿Seguro?

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Sí, lo sabemos: mantener limpia nuestra piel es sinónimo de tenerla sana. Pero, ¿sabes hacerlo correctamente? Es habitual que cometamos errores y ni siquiera nos percatamos de ellos. Aquí tienes unos cuantos para que los evites, a poder ser, a diario.

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La primera idea que debes tener constante en tu cabecita es cómo tratarías tu prenda más preciada, la mejor, la más delicada y la que más quieres. ¿La visualizas? Pues, ahora, mentalízate de que así es la piel de tu rostro: un tesoro a cuidar y mimar para que dure en todo su esplendor mucho, mucho tiempo.

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Tu mejor cómplice es la costumbre. Se acabó eso de irte a la cama sin tu rutina de limpieza; y da igual si te has maquillado o no. Date cuenta que no es sólo el maquillaje, es que también influyen en nuestra piel la polución, los residuos, tanto externos como los que produce nuestra propia piel, … Todo fuera! Nuestro rostro merece descansar cada noche limpio, sin porquerías. Además de hacerlo por belleza o por salud, debes darte cuenta que la efectividad de las cremas y tratamientos no será la misma si se aplican sobre una piel sucia.

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La piel, al igual que esa prenda que tanto nos gusta, se lava. ¿O la mantienes sucia en el armario? Es normal que laves tu cara por la mañana, cuando te levantas, incluso en la ducha. Y, al igual que no debes acostarte sin limpiar tu rostro, no debes salir de casa sin haberla lavado correctamente: los productos que aplicamos por la noche sobre el rostro, o lo que queda de ellos, hay que eliminarlo. Siempre a diario.

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Lavar la piel de tu cara no es echarle agua.

Y, de la misma forma que no lavarías tu blusa de seda en la lavadora a 90 grados, mima tu piel: el agua con la que te laves no debe estar ni muy fría ni muy caliente. De otra forma no tardarán en aparecer rojeces, pues los capilares son muy sensibles y pueden romperse. Tampoco olvides que tus manos han de estar perfectas, es decir, el primer paso por agua y jabón es para ellas. Invierte tiempo en lavarte, no dejes ni un sólo centímetro sin limpiar: aletas de la nariz, donde tengas arruguitas y bajo el mentón.

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Es importante que utilices para esta rutina de limpieza un producto adecuado al fin, a tu piel, a tu edad, … Sería absurdo invertir grandes cantidades en productos antiarrugas e hidratantes si nuestra piel no está en perfecto estado para recibirlos: así lograremos su efectividad completa. Una vez elegido el producto perfecto, es importante que la limpieza sea en círculos y doble. Es decir, en una primera pasada vamos a eliminar los residuos de la superficie del rostro; en la segunda, limpiaremos los poros en profundidad.

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Y, ya, por favor, completa el proceso como una verdadera “pro”: ¿qué tal si aplicas un poquito de tónico? A mi siempre me ha parecido un poco absurdo, pero he de reconocer que, una vez que encuentras el adecuado, los resultados se notan: es perfecto para eliminar los restos de jabón, además de equilibrar y calmar tu piel. No lo dudes, añade el tónico a tus rutinas de limpieza facial, tu rostro lo agradecerá.

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Bien, por último, vamos a intentar no estropear este estupendo proceso diario: el secado. Y has leído bien, se trata de secar, no de frotar. Así que, busca toallas suaves, de algodón, y utilízalas únicamente para el rostro, en exclusividad. Ah, y no olvides lavarlas tan a menudo como sea posible. Por otra parte, intenta secar con pequeñas presiones sobre las diferentes partes del rostro. Te puede parecer un paso tonto, pero ten por seguro que si tu rostro no está seco al cien por cien la crema hidratante no hará su función como es debido.

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¿Qué te parece? ¿A que no hacías bien tus rutinas de limpieza? Pues ya ves qué fáciles son, constancia, agua, buen limpiador, tónico y un secado suave y concienzudo.

Evita errores y disfruta de una piel sana y radiante.

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